Aviva el fuego


Todos los seres humanos tenemos y demostramos interés por el fuego, la reacción química que surge cuando una gran cantidad de calor es aplicada a alguna materia. Muchos de nosotros nos desviamos y nos salimos de nuestro camino con tal de alcanzar algún fuego que con sus llamas consuma un edificio, automóvil, casa o cualquier otra cosa que pueda ser consumida por este fenómeno. Podemos llegar a un lugar donde un incendio ocurre y quedarnos ahí hasta que las llamas sean completamente apagadas.

Es con ese mismo empeño que debiéramos los cristianos preocuparnos de que el fuego del Espíritu Santo de Dios queme en nuestros corazones. De la misma manera que nos esforzamos a llegar a un lugar a ser testigo de algún incendio, debemos llegar al altar de Dios para asegurarnos que nuestra llama se mantenga viva. Que no importa cuanta agua quiera el enemigo lanzarnos para apagar el fuego, permanezcamos con nuestras llamas encendidas.
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